El arte que conocemos como Manierismo no es mas que el
resultado de la aplicación hasta su último extremo de las reglas fijadas
durante el Renacimiento.
A este desarrollo se
dio una vuelta más a un estilo que se estaba agotando dentro de los rígidos
esquemas del canon, Así, en círculos independientes, como las cortes privadas
de ciertos príncipes y algunos núcleos de intelectuales, sólo
apto para iniciados y paladares exquisitos, capaces de apreciar los
significados ocultos de la violación y retorcimiento de las reglas pictóricas.
Los personajes de estas obras sufren tremendas
distorsiones en sus anatomías, que ven alargadas sus miembros o sus rostros,
dispuestos en posturas retorcidas e
imposibles en la realidad.
Los colores
no remiten a la naturaleza, sino que son extraños, fríos, artificiales, violentamente enfrentados entre sí,
en vez de apoyarse en gamas.
El propio Miguel Ángel experimentó en sus últimas
obras el placer de la trasgresión, desdibujando sus figuras o dejando
inacabadas sus obras.
Los manieristas someten algunas de sus pinturas a complicados simbolismos que aún no han
sido descifrados, Doménikos Theotokópoulos, en griego Δομήνικος Θεοτοκόπουλος, o como le conocemos en El Salvador y muchas otras partes del mundo, EL GRECO, fue el mayor exponente de este arte.
La orfebrería fue uno de los ámbitos más beneficiados por
este complejo arte, que afectó tardíamente, pero de forma genial, a El Greco, recién llegado a una España donde ya se
conocía el manierismo, El Greco resultaba pasado de moda y fracasó en la Corte,
aunque Felipe II pagó sus cuadros a precio de oro.
El Greco significa la
sublimación de un estilo en un contexto que había superado
ya el Manierismo y se adentraba en el Barroco de la Contrarreforma católica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario